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14 abr. 2015

Pigmalión y Galatea o la profecía autocumplida


Contaba Ovidio que hubo una vez un escultor chipriota (sí, probablemente sea uno de los gentilicios con peor fonética del mundo) llamado Pigmalión que se enamoró de una de sus creaciones (en mi pueblo lo llaman parafilia) . A tal punto llegó su pasión por esa escultura que no solo le puso nombre, Galatea, sino que la trataba como si fuera una mujer real (mejor no pensar en los detalles).
El mito griego toma forma cuando la escultura cobra vida después de un sueño de Pigmalión, gracias a su colega Afrodita, al ver el amor que éste sentía por la estatua y que representaba a la mujer de sus sueños (vamos, que la Afrodita le vio tan a dos velas que hizo de alcahueta).

Y de aquí nació el llamado "Efecto Pigmalión" ya que la fuerte creencia superó los límites de la realidad y al creer firmemente que la estatua estaba viva , esta llegó efectivamente a cobrar vida.
En psicología se ha denominado como "profecía autocumplida" la expectativa o creencia o juicios que incitan y condicionan a las personas a actuar en formas que hacen que estas creencias se vuelvan ciertas.


Y como todo en esta vida, siempre hay dos caras de la misma moneda:
- la profecía positiva propia o ajena que nos genera consecuencias o logros positivos gracias a creencias beneficiosas.
ej. el filántropo que cree en el talento de un poblado indígena iletrado y logra capacitarles con nuevas herramientas profesionales
- la profecía negativa propia o ajena que nos genera fracaso o limitaciones en nuestro desarrollo por culpa de creencias condicionantes.
ej. el profesor mediocre que tacha a un alumno de inútil y le roba motivación
 
Hoy hablaremos , y por favor que nadie se siente en el diván porque seré breve, de los tres tipos de creencias.

CREENCIA DE MERECIMIENTO

Bernard Shaw parió una  obra de teatro titulada "El efecto Pigmalión" que fue llevada a la pantalla en la primera mitad del siglo XX (1913) como My Fair Lady.  La historia de una chica un poco de barrio, aparentemente candidata a tronista que en base a la confianza fortuita  y persistente de un señor ,que se encuentra por ahí, en su talento para convertirse en una mujer cultivada y con clase, logra escapar de la trampa del chonismo.

 

Sirva esta película como ejemplo tangible de la antítesis de las creencias de merecimiento, donde asumimos que no nos merecemos el objetivo deseado debido a algo que somos/no somos o hemos hecho/no hecho. 
Otra película predecida por teatro, pero más actual en la que este tipo de asentimientos de merecimiento se manifiestan a lo largo del guion, es "Un Dios Salvaje". Un niño macarra pega a otro en el parque con un palo, los padres de ambos se reúnen para dialogar acerca del suceso. Al principio parecen civilizados pero luego terminan tarifando, sacando su lado más arrabalero y poniéndose de vuelta y media entre todos lamentándose por no haber golfeado un poco más antes de haberse entregado a las rutinas marujiles.



CREENCIA DE POSIBILIDAD

¿ Piensas que porque sepas pedir una cerveza en el chino la ONU debería contratarte como traductor en plantilla?¿Has corrido 6 km. en la media maratón del mes y te arrepientes de no haberte presentado a los JJOO Río 2016? ¿Has parido hace poco y estás segura de que tu descendiente será el Edison del siglo XXI?


Las creencias de posibilidad tienen el punto de partida de que el objetivo es alcanzable pero no somos capaces de lograrlo, o en el mejor de los casos creemos que si lo somos sin serlo a priori y llegamos al éxito sin haber pagado el peaje de una gigantesca frustración.
En el aplaudible caso de Joanne O´Riordan su creencia de posibilidad es una rotación de 360 grados : el objetivo era inalcanzable pero ella cree que sí puede y lo logra.

 

Aquí podéis ver un documental sobre su vida, donde 2 palabras adquieren más fuerza que nunca:  SIN LÍMITES .

CREENCIA DE DESESPERANZA

¿Hart@ de buscar un trabajo digno y dejarte los huevos en ello para ser el mejor profesional posible pero no te llaman ni para untar mayonesa en los bocadillos de Subway
Esta es la creencia de que el objetivo deseado no es alcanzable, sean cuales sean nuestras capacidades.
Un entorno hostil o un sistema bucle es lo que nos hace creer que toda batalla está perdida, porque "creemos" que eso es lo que nos rodea.
Este anuncio del Phantom es un claro ejemplo de cómo ver belleza en cada rincón, de como tratar de convertirnos en ese dron que sobrevuela captando la luz hasta en el más oscuro de los rincones.




3 comentarios:

  1. Genial. Es fascinante esto de la profecía autocumplida. Muchos defensores de la crianza consciente estamos en contra de las etiquetas en niños precisamente en base a esto, pero lo cierto es que lleva toda la vida acompañándonos.
    Curiosamente hay gente que va pasando de una creencia a otra como si saltara baldosas...

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    1. Gracias como siempre por tus aportaciones. Las creencias en la educación, a lo largo de nuestra infancia son como una rueda, si te la dan con aire llena te sirve para rodar el resto de tu vida, pero si te la dan pinchada te entorpece y has de arrastrarla .
      Por mi parte estoy trabajando la creencia de la desesperanza, que sin saberlo la tenía desarrollada desde hace un tiempo. Y ojo que luchar para no creer en algo en lo que crees (porque sí, creo en al desesperanza, creo en su realidad) siempre es más difícil que convencerse de lo contrario.
      Sirva una vez más, los casos extremos Joanne O´ Riordan , ángeles que aparecen en la TV para abrirnos los ojos: Galatea puede cobrar vida.

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  2. Aquí hay dos equivocaciones casi mitológicas. Una, la de pensar que una creación propia puede llenar nuestras vidas. De la magnífica película "My fair lady", que he visto varias veces, siempre he sacado la enseñanza contraria a la que el mito pretende. Yo no creo que Eliza (la maravillosa Audrey Hepburn) acabe Higginizada (el gigante Rex Harrison), sino que es al contrario: Eliza acaba por Doolittlelizar al profesor Higgins e incluso al Coronel Pickering, del que no recuerdo el nombre del actor y ahora no me apetece abrir la Wikipedia. Y es que de aquel que se enamora de su reflejo o de su creación, acaba, claro, como Narciso, ahogado en sus propios reflejos.

    La segunda equivocación es fijarse retos muy elevados. La luna sólo la pisó por primera vez Neil Armstrong y casi nadie recuerda a Michael Collins, que se quedó orbitando la Luna, en espera del módulo lunar y, mucho menos, a los ingenieros, programadores, técnicos, que hicieron posible tamaño reto espacial. Pero ellos "también alcanzaron la Luna". Su luna. Mucho más cercana, pero que necesitó mucho más esfuerzo, mérito, dedicación y estudio, que el que, con toda probabilidad, necesitara el comandante Armstrong.

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